Las drogas, esto lo sabe todo el mundo, hacen con
nuestro cerebro encaje de bolillos. Sin ir más lejos, se acaba
de publicar un nuevo estudio que apunta a que el
consumo de cocaína a largo plazo produce cambios en las áreas cerebrales
responsables de regular la impulsividad y la capacidad de analizar nuestras
propias decisiones. Todo en orden, ninguna sorpresa.
Aunque cada droga actúa de una forma distinta, podemos
decir que existe un consenso bastante extendido en que la dopamina
tiene un papel clave en las adicciones. Concretamente, un chute
de dopaminaen el sistema de recompensa del cerebro parece ser la respuesta
neuronal básica relacionada con las adicciones.
No solo con las adicciones, claro. Estos
chutes ocurren en la vida diaria para regular respuestas como la
curiosidad o la expectación ante las cosas nos suceden. Por ejemplo, cuando
alguien nos da un regalo que no esperamos, la dopamina actúa sobre los
circuitos de recompensa y nos sorprendemos. Este es el funcionamiento normal.
El problema es que hay sustancias que nos engañan. Productos como
la cocaína (directamente) o la nicotina (indirectamente) inician esos chutes de
dopamina por su cuenta, haciéndonos creer que ha pasado algo digno de despertar
nuestro interés, curiosidad o felicidad.
Ni todas las sustancias tienen esta capacidad de
engañar a nuestro cerebro (no se puede ser adicto a internet por
muchos titulares que leamos), ni todas las sustancias son tan 'recreativas'
como otras (Por ejemplo, la morfina y la heroína, siendo primas hermanas, no
tienen el mismo poder 'eufórico'): lo que hace que una sustancia sea
considerada una droga no es pues lo divertida que es, sino lo capaz que
es de engañarnos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario