Menu Despegable

jueves, 22 de junio de 2017

CONFUSION

Las drogas, esto lo sabe todo el mundo, hacen con nuestro cerebro encaje de bolillos. Sin ir más lejos, se acaba de publicar un nuevo estudio que apunta a que el consumo de cocaína a largo plazo produce cambios en las áreas cerebrales responsables de regular la impulsividad y la capacidad de analizar nuestras propias decisiones. Todo en orden, ninguna sorpresa.
Lamentablemente, tanto la adicción a las drogas como el funcionamiento del cerebro son fenómenos complejos, individuales e intransferibles.

Aunque cada droga actúa de una forma distinta, podemos decir que existe un consenso bastante extendido en que la dopamina tiene un papel clave en las adicciones. Concretamente, un chute de dopaminaen el sistema de recompensa del cerebro parece ser la respuesta neuronal básica relacionada con las adicciones.
No solo con las adicciones, claro. Estos chutes ocurren en la vida diaria para regular respuestas como la curiosidad o la expectación ante las cosas nos suceden. Por ejemplo, cuando alguien nos da un regalo que no esperamos, la dopamina actúa sobre los circuitos de recompensa y nos sorprendemos. Este es el funcionamiento normal. El problema es que hay sustancias que nos engañan. Productos como la cocaína (directamente) o la nicotina (indirectamente) inician esos chutes de dopamina por su cuenta, haciéndonos creer que ha pasado algo digno de despertar nuestro interés, curiosidad o felicidad.

Ni todas las sustancias tienen esta capacidad de engañar a nuestro cerebro (no se puede ser adicto a internet por muchos titulares que leamos), ni todas las sustancias son tan 'recreativas' como otras (Por ejemplo, la morfina y la heroína, siendo primas hermanas, no tienen el mismo poder 'eufórico'): lo que hace que una sustancia sea considerada una droga no es pues lo divertida que es, sino lo capaz que es de engañarnos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario