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jueves, 22 de junio de 2017

DESTRUCCION DE NEURONAS

Un consumidor de cocaína puede sentir el efecto de euforia luego de cinco o 10 segundos de fumarla o inhalarla. Pero la grata sensación desaparecerá entre 10 y 15 minutos después. En cambio, el que toma alcohol empezará a sentir los placeres etílicos luego de cinco o 10 minutos de haber dado los primeros sorbos a su copa. La sensación, a diferencia de la cocaína, durará varias horas. 
Así de diverso es el tiempo de efecto de las drogas, sean lícitas o ilícitas, como distintas las reacciones en mayor o menor medida que provocan las drogas a nivel cerebral, dependiendo de la sustancia, su cantidad y antigüedad de uso. Según Jacqueline Cortés, médico psiquiatra de la UNAM, cuando la droga es absorbida por medio de la sangre y llega al cerebro, los cambios en la conducta y funciones físicas se manifiestan. 
Las reacciones se originan porque se altera la composición química de las neuronas, células que funcionan a través de neurotransmisores, como la dopamina, serotonina, endorfinas, noradrenalina, entre otras sustancias producidas de manera natural en el cerebro que regulan el movimiento, pensamiento, juicio, memoria, estado de ánimo, apetito, dolor, presión arterial, insomnio, memoria e impulso sexual. 
Las drogas pueden provocar incluso la muerte de neuronas, fenómeno que se aprecia de manera clara, según especialistas, al someter a una persona consumidora a una resonancia magnética (método de imagen de alta resolución) de su cerebro, donde se pueden apreciar agujeros en la corteza cerebral. 

“Ante la reducción de neuronas, células que no se regeneran, el funcionamiento del cuerpo se torna limitado. Afortunadamente tenemos miles de millones y con su plasticidad, otra neurona puede cubrir la función de la que murió, pero llega el momento en que este proceso ya no se puede realizar”, explica Javier Creta, psicoterapeuta especialista en tratamiento de adicciones. 

La cocaína, por ejemplo, es un estimulante poderoso del sistema nervioso central que provoca euforia o “te prende”, al provocar la acumulación de la dopamina, mensajero químico asociado con el placer y el movimiento. Al consumirla se presenta una sensación de mayor capacidad mental y física, pero su abuso causa impotencia sexual. 
Se sabe también que la droga del amor o éxtasis libera al principio de la ingestión un torrente de serotonina que produce euforia, sensaciones de bienestar y elimina la fatiga. Sin embargo, luego de aplicaciones secuenciales de 35 miligramos, destruye entre 60 y 80 por ciento de las terminaciones nerviosas dopaminérgicas, siendo el Párkinson una de sus manifestaciones. 
No obstante, en cada persona adicta, las respuestas biológicas, físicas y conductuales serán diferentes, dependiendo de la sustancia (estimulante o depresora), cantidad y frecuencia con que se usen y de las condiciones físicas y mentales en que se reciben, explica Cortés. 
Los derivados del opio como la morfina, heroína, codeína, demerol y metadona aumentan el nivel de dopamina, lo que produce sentimientos de intenso placer y desarrolla una imaginación exaltada en el momento, pero con el tiempo disminuye la líbido, provoca depresión respiratoria, edema pulmonar e infecciones en piel, venas y músculos. 

Las que se inhalan y contienen sustancias químicas de uso industrial como los removedores, disolventes de pintura, pegamentos, limpiador de videos o desodorantes ambientales, inciden de manera directa y acelerada en las neuronas hasta su muerte, lo que genera en un principio adormecimiento de extremidades, calambres, parálisis total, pérdida de coordinación y lenguaje lento y arrastrado, problemas visuales, sordera. Se argumenta que estos inhalantes disuelven la capa protectora de mielina que envuelve a las neuronas, resultando en muerte celular.

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