Un consumidor de
cocaína puede sentir el efecto de euforia luego de cinco o 10 segundos de
fumarla o inhalarla. Pero la grata sensación desaparecerá entre 10 y 15 minutos
después. En cambio, el que toma alcohol empezará a sentir los placeres etílicos
luego de cinco o 10 minutos de haber dado los primeros sorbos a su copa. La
sensación, a diferencia de la cocaína, durará varias horas.
Así de diverso es el
tiempo de efecto de las drogas, sean lícitas o ilícitas, como distintas las
reacciones en mayor o menor medida que provocan las drogas a nivel cerebral,
dependiendo de la sustancia, su cantidad y antigüedad de uso. Según Jacqueline
Cortés, médico psiquiatra de la UNAM, cuando la droga es absorbida por medio de
la sangre y llega al cerebro, los cambios en la conducta y funciones físicas se
manifiestan.
Las reacciones se
originan porque se altera la composición química de las neuronas, células que
funcionan a través de neurotransmisores, como la dopamina, serotonina, endorfinas,
noradrenalina, entre otras sustancias producidas de manera natural en el
cerebro que regulan el movimiento, pensamiento, juicio, memoria, estado de
ánimo, apetito, dolor, presión arterial, insomnio, memoria e impulso
sexual.
Las drogas pueden
provocar incluso la muerte de neuronas, fenómeno que se aprecia de manera
clara, según especialistas, al someter a una persona consumidora a una
resonancia magnética (método de imagen de alta resolución) de su cerebro, donde
se pueden apreciar agujeros en la corteza cerebral.
“Ante la reducción de
neuronas, células que no se regeneran, el funcionamiento del cuerpo se torna
limitado. Afortunadamente tenemos miles de millones y con su plasticidad, otra
neurona puede cubrir la función de la que murió, pero llega el momento en que
este proceso ya no se puede realizar”, explica Javier Creta, psicoterapeuta
especialista en tratamiento de adicciones.
La cocaína, por
ejemplo, es un estimulante poderoso del sistema nervioso central que provoca
euforia o “te prende”, al provocar la acumulación de la dopamina, mensajero
químico asociado con el placer y el movimiento. Al consumirla se presenta una
sensación de mayor capacidad mental y física, pero su abuso causa impotencia
sexual.
Se sabe también que la
droga del amor o éxtasis libera al principio de la ingestión un torrente de
serotonina que produce euforia, sensaciones de bienestar y elimina la fatiga.
Sin embargo, luego de aplicaciones secuenciales de 35 miligramos, destruye
entre 60 y 80 por ciento de las terminaciones nerviosas dopaminérgicas, siendo
el Párkinson una de sus manifestaciones.
No obstante, en cada
persona adicta, las respuestas biológicas, físicas y conductuales serán
diferentes, dependiendo de la sustancia (estimulante o depresora), cantidad y
frecuencia con que se usen y de las condiciones físicas y mentales en que se
reciben, explica Cortés.
Los derivados del opio
como la morfina, heroína, codeína, demerol y metadona aumentan el nivel de
dopamina, lo que produce sentimientos de intenso placer y desarrolla una
imaginación exaltada en el momento, pero con el tiempo disminuye la líbido,
provoca depresión respiratoria, edema pulmonar e infecciones en piel, venas y
músculos.
Las que se inhalan y
contienen sustancias químicas de uso industrial como los removedores,
disolventes de pintura, pegamentos, limpiador de videos o desodorantes
ambientales, inciden de manera directa y acelerada en las neuronas hasta su
muerte, lo que genera en un principio adormecimiento de extremidades, calambres,
parálisis total, pérdida de coordinación y lenguaje lento y arrastrado,
problemas visuales, sordera. Se argumenta que estos inhalantes disuelven la
capa protectora de mielina que envuelve a las neuronas, resultando en muerte
celular.